martes, 9 de julio de 2013


A veces prefiere ignorar la mentira en la que vive. A veces prefiere cerrar los ojos y dejarse llevar, aunque siempre la devuelva al inicio. Para ella es muy fácil creer que todo es verdad, creer la mentira e impregnarse de ella hasta quedar saciada, aunque luego la caída sea cada vez más brusca. Se podría decir que disfruta del doloroso vacío que la llena cada vez que él se marcha con otra, ya que ello, al fin y al cabo, sigue significando que si se marcha debe volver. Porque ella le quiere, y él la utiliza, y ella quiere que él la utilice. La razón es tan simple que da miedo mirarla. Aunque sabe que todo es mentira, que no hay más sentimiento que el cruel egoísmo que se esconde detrás de su rostro y, que ya no intenta sino que consigue, arrastrarla.  Aunque sabe que los abrazos no son más que una forma de hacerla caer en su trampa, de ahogarla en el mar de sentimientos que él ha creado a su alrededor. Aunque sabe que aquellos besos no son para ella, sino para toda aquella que desee uno. Porque no es de su propiedad, nunca lo será. Y ruega, y grita, y llora, y golpea, y le pide a algo que no existe que vuelva otra vez a su lado, y que esta vez sea para siempre. Pero sabe que no. No es posible. Nunca lo será. Nunca volverá para siempre, porque no la quiere, solo la utiliza y juega con ella a su antojo, mientras disfruta con otras de todo aquello que ella no puede aportarle. Y sabe que debería dejarle, que lo tendría que haber hecho hace mucho, y no puede. Porque le quiere, le quiere tanto que le dan igual todos los engaños. Y nunca cambia nada.Claro que a veces, solo a veces, cree que esto puede cambiar. Y solo cuando consigue encerrar su cuerpo entre sus brazos, solo en ese momento, cree que lo imposible podría dejar de serlo.