A veces prefiere ignorar la
mentira en la que vive. A veces prefiere cerrar los ojos y dejarse llevar,
aunque siempre la devuelva al inicio. Para ella es muy fácil creer que todo es
verdad, creer la mentira e impregnarse de ella hasta quedar saciada, aunque
luego la caída sea cada vez más brusca. Se podría decir que disfruta del
doloroso vacío que la llena cada vez que él se marcha con otra, ya que ello, al
fin y al cabo, sigue significando que si se marcha debe volver. Porque ella le
quiere, y él la utiliza, y ella quiere que él la utilice. La razón es tan
simple que da miedo mirarla. Aunque sabe que todo es mentira, que no hay más
sentimiento que el cruel egoísmo que se esconde detrás de su rostro y, que ya no
intenta sino que consigue, arrastrarla. Aunque
sabe que los abrazos no son más que una forma de hacerla caer en su trampa, de
ahogarla en el mar de sentimientos que él ha creado a su alrededor. Aunque sabe
que aquellos besos no son para ella, sino para toda aquella que desee uno. Porque
no es de su propiedad, nunca lo será. Y ruega, y grita, y llora, y golpea, y le
pide a algo que no existe que vuelva otra vez a su lado, y que esta vez sea
para siempre. Pero sabe que no. No es posible. Nunca lo será. Nunca volverá
para siempre, porque no la quiere, solo la utiliza y juega con ella a su
antojo, mientras disfruta con otras de todo aquello que ella no puede
aportarle. Y sabe que debería dejarle, que lo tendría que haber hecho hace
mucho, y no puede. Porque le quiere, le quiere tanto que le dan igual todos los
engaños. Y nunca cambia nada.Claro que a veces, solo a veces,
cree que esto puede cambiar. Y solo cuando consigue encerrar su cuerpo entre
sus brazos, solo en ese momento, cree que lo imposible podría dejar de serlo.
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